martes, 21 de junio de 2011

“El mejor oficio del mundo” (Gabriel García Márquez)

            En una sociedad llena de eventos coyunturales y con infinidades de temas a desarrollar desde diversos puntos de vista, el oficio periodístico llega a convertirse en el redactor de una historia que está ocurriendo. Los profesionales de la información sin duda alguna, hacen de los acontecimientos o situaciones que diariamente sobrecogen a la colectividad, una página más en la historia de la humanidad; puede escucharse simple cuando en realidad representa una labor colmada de desafíos comprometedores y complejos, pues se trata de plasmar lo desconocido o mejor dicho, se trata de hacer visible lo invisible. De alguna u otra forma los periodistas se convierten en la voz de los silenciados, en los ojos y oídos de los que no se les permite ver ni escuchar, en los protestantes de los que por diversas circunstancias se cohíben en mostrar una postura diferente a la del poder dominante; bien sea éste un poder político, económico y hasta social.
Jurídicamente todo derecho conlleva a un deber; en el caso periodístico no sólo basta con exigir el derecho al acceso de la información y cumplir con el deber lícito de informar, sino también con la obligación moral y ética de contraponer y contrastar las decisiones y acciones que poder alguno toma o pretenda ejercer sobre la población de alguna semiósfera social; a esto se le conoce como “Contrapoder”.
En una ocasión escuché de alguna persona que se encontraba en una unidad de transporte público (en la cual yo me hallaba) conversar con su compañero de puesto sobre una manifestación “estudiantil” que se desarrollaba en el corazón de la ciudad de Valera, éste aseguraba que cuando “se es estudiante, uno protesta y se queja por los derechos vulnerados, pero una vez alcanzado el poder se pierde el horizonte de las luchas sociales y se convierten en unos politiqueros mas…” Estas palabras me llevaron a reflexionar sobre el asunto, pues como estudiante de Comunicación Social indago sobre temas de interés colectivo. Nadie tiene la verdad absoluta, y por esta razón no puedo afirmar si el comentario que he expuesto es cierto o no, porque desde mi punto de vista casi todo es concerniente. Con el ejemplo aventurado sólo quiero expresar la importancia de concebir  todo hecho noticioso como un acontecimiento relativo, ya que en diversas circunstancias distintos medios masivos se limitan con lo superficial de un caso específico, pareciendo darle menos importancia a lo que puede haber mas allá de lo acontecido. En otras palabras un periodista debe forjarse como un agente que profundice hechos de interés público, puesto que podría significar el futuro social, político, económico y cultural de nuestra sociedad.  
Si se pretende lograr formar nuevos y mejores periodistas, es necesario enfocarse en el tema cultural; no es un ámbito fácil de abordar, pero si es imprescindible trabajarlo. Para entender mejor el criterio volvamos al ejemplo que anteriormente se expuso sobre el comentario del personaje del transporte público; si se toma el asunto a la ligera por determinada simpatía política, puede que de forma casi inmediata identifiquemos a uno o varios actores políticos con las cualidades ya mencionadas en el argumento, así como también  es posible que neguemos el comentario respectivamente. Pero debemos estar claros que sin importar la ideología social o política que adoptemos, al momento de contar el hecho noticioso este no debe mancharse con mensajes subliminales para mostrar el lado de la moneda que queremos difundir. Estas acciones son comunes en el trabajo de campo de muchos comunicadores sociales, pero como casi todo es relativo, así como se aprecia mala praxis periodística (si se puede llamar así) existen verdaderos profesionales de la comunicación que cumplen con el perfil del deber ser del periodista (la ética del periodista).
Es complejo y muy satisfactorio analizar el hecho comunicativo y en consiguiente existe una amplia gama de áreas que afrontar, en tal sentido he resaltado algunos de tantos temas a debatir y  creo imperdonable no razonar sobre los monopolios comunicacionales mercantilista. El problema está en una amplia diferencia que se tropieza entre dos visiones que de manera significativa varía el eje central del periodismo. Nos encontramos con empresas comunicacionales que cumplen roles comerciales y sus objetivos primordialmente son lucrativos, como la venta de un producto beneficioso y hasta ideológico forma parte de su línea estratégica laboral. Por otro lado se encuentra la codiciada labor del periodismo social, basado en los intereses particulares del colectivo haciéndole honor al nombre que los identifica Comunicadores Sociales, dejando de lado intereses mercantilistas y cumplir con la sagrada labor de disentir a toda situación que afecte de forma directa e indirecta al colectivo con sus respectivas repercusiones.
Hablando de forma literal, el oficio periodístico lleva consigo toneladas de compromisos y retos coyunturales, que definen el sendero que la sociedad tanto anhela y/o cuida, como lo es la senda de la libertad. En cierta forma el conocimiento, capacidad y experiencia únicamente son útiles en el momento y lugar preciso, por esta razón creo convincente que el momento para demostrar que hacer periodismo responsable, coherente, libre y contrastante es ahora, ratifiquemos que el oficio del periodista es el mejor del mundo.  
Autor del artículo: Alexander José González Pérez
Estudiante de Comunicación Social ULA-NURR

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