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lunes, 18 de enero de 2016

Corrupción: la mayor amenaza

Es evidente que la corrupción ha sido definida como uno de los obstáculos más importantes para promover el crecimiento económico sostenible y alcanzar reducciones importantes en los niveles de la pobreza. No hay elemento más indignante para cualquier residente de un país, que observa como ciudadanos se aprovechan de los bienes públicos para hacer fortuna, he allí la importancia que tiene la Asamblea Nacional, en su rol contralora

(Alexander González) La crisis del chavismo en Venezuela como consecuencia de la pérdida de la mayoría de los escaños en el Parlamento Nacional, el escándalo de Petrobras en Brasil y la salida del kirchnerismo en la Argentina, son fenómenos de primera magnitud en la escena latinoamericana, que están obligando a los demás gobiernos de la región vinculados ideológicamente, a repensarse como la alternativa que protagonizaron en la primera década del siglo XXI. 
En una entrevista concedida al periodista Andrés Oppenheimer, el premio Nobel Mario Vargas Llosa afirmó que “la corrupción es la mayor amenaza a la democracia en América Latina”. 
“Es muy interesante el caso de Brasil, porque Brasil era un país que parecía haber despegado, parecía una potencia en movimiento. De pronto, ¿qué es lo que frena eso y comienza a hacer retroceder a Brasil? Es la corrupción, que alcanza niveles de apogeo en un gobierno que el mundo creía que era un gobierno ejemplar, el de Lula (…) Y por supuesto, están los casos de Venezuela y la Argentina que hasta hace poco dominaba el kirchnerismo, estos países son los campeones de corrupción en Latinoamérica, donde una combinación de desastrosas políticas gubernamentales y el robo descarado por parte de funcionarios gubernamentales ha resultado en algunos de los peores resultados económicos de América Latina y por eso esos regímenes ya han sido castigados electoralmente”, dijo Vargas Llosa.
Como sabemos, la oposición venezolana alcanzó la mayoría calificada en la Asamblea Nacional, parlamento que comenzó su gestión legislativa marcada por la pauta política, por temas como el retiro de los retratos de Bolívar y Chávez de las instalaciones de la AN, así como también la juramentación y posterior desincorporación de los tres diputados de oposición pertenecientes al estado Amazonas, que por orden del Tribunal Supremo de Justicia, no pueden ejercer como legisladores debido a posibles elementos que empañan su diputación, por presuntos delitos electorales cometidos el pasado 6D. 
Sin embargo estos no son los temas que demanda la sociedad venezolana. Si revisamos las distintas encuestas nacionales, los venezolanos posicionan en primer lugar el problema de desabastecimiento de los productos de primera necesidad, en especial los alimentos y medicinas, pero el cómo contribuir a erradicar este flagelo aún no se impone en la agenda del prematuro Poder Legislativo recién electo.
Analicemos desde uno de los ángulos de esta coyuntura económica. Los puertos de Venezuela, por donde pasa la mayoría de los bienes que consumen los venezolanos, han sido señalados durante años como uno de los focos de corrupción más grandes del país. En los últimos años los puertos también se han vuelto una especie de metáfora de la crisis económica que vive este país petrolero: la desolación de sus muelles contrasta con las filas de buques que años atrás esperaban para descargar.

Crisis en cifras
Entre 2013 y 2014 el tráfico de contenedores total en los cinco puertos principales de Venezuela cayó en un 34%, según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que hace un índice anual.
De 2015 no se tienen cifras, pero, según la Cámara de Comercio de la ciudad de Puerto Cabello, por ejemplo, donde está el puerto más grande, en el primer trimestre del año hubo una caída de la actividad portuaria del 50% respecto a 2014. Y, según la Cámara de Comercio del Estado Vargas, donde está La Guaira, el puerto está inactivo en un 90%.
La economía venezolana ha visto cómo sus reservas e ingresos han caído por la crisis económica general que vive el país hace ya casi tres años y por el bajón del precio del petróleo que ha llegado a cotizarse en 24 dólares por barril, tomando en cuenta que esta materia prima representa el 95% de los ingresos de la nación. Venezuela importa más de la mitad de lo que consume, así que la falta de divisas ha significado un aumento importante de la escasez de bienes y, por consiguiente, un golpe a la antes pujante actividad portuaria.

Soledad en el puerto
Los patios de contenedores vacíos, las grúas apagadas, el escaso tránsito dentro del complejo: el ambiente, a pesar de la magnitud de las instalaciones, es desolador en el Puerto de La Guaira. Así lo reseña un trabajo investigativo publicado por la BBC Mundo, donde se mencionan diversas impresiones de personas allegadas al mencionado Puerto.
"Acá hace rato que no está pasando nada", dice entre risas un vigilante que con pereza se levanta de su silla a alzar la barrera para dar entrada a uno de los patios. Mientras tanto en Puerto Cabello apenas un tercio de los puestos de atraque están descargando, en su mayoría granos, carne, pollo y leche, los bienes prioritarios por los que los venezolanos hacen cola durante horas.
La terminal turística está en ruinas, pese a varios intentos del Gobierno de remodelarla, afirma la  BBC. "Nuestras operaciones han decrecido en el mismo número porcentual del puerto", le dice a BBC Mundo José Manuel Rodríguez, de Venecia Ship Service, una empresa de remolcadores en Puerto Cabello. "Pasamos de tener 350 a 150 empleados y de 24 a 8 remolcadores", señala.

Centralización
Como parte de un proceso de nacionalizaciones en 2009, el entonces presidente Hugo Chávez ordenó la centralización de los puertos venezolanos bajo la figura de Bolivariana de Puertos, mejor conocida como Bolipuertos.
"Vamos a crear una corporación de puertos nacionales y una corporación de aeropuertos nacionales e internacionales, bajo control, como siempre ha debido ser, del Estado", dijo Chávez en marzo de 2009.
Quizá ninguna otra dependencia del Gobierno venezolano en los últimos años ha sido objeto de tantos escándalos de corrupción como Bolipuertos. En Puerto Cabello, por ejemplo, el empresario Walid Makled montó una compleja operación de tráfico de drogas con la supuesta colaboración de altos funcionarios del Gobierno, según les dijo a las autoridades de Colombia, donde lo arrestaron y posteriormente fue extraditado a Venezuela en 2011.
En febrero de 2015, Makled fue condenado por un tribunal de Caracas a 14 años de cárcel por delitos de narcotráfico y blanqueo de capitales.
Otro episodio, en 2010, que muchos venezolanos recuerdan con facilidad es el escándalo de “Pudreval”, cuando al menos 130 mil toneladas de alimentos podridos fueron encontradas en Puerto Cabello después de que habían sido importadas por Pdval, una empresa de supermercados de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
Los alimentos, en su mayoría carne, habían sido abandonados por sus responsables, que al día de hoy no están plenamente identificados, pese al breve arresto de tres directivos de Pdval en ese momento.
Una comisión de la Asamblea Nacional que esperaba investigar el caso fue disuelta en 2011 y hoy no se sabe cuánto dinero se perdió en las importaciones o los alquileres del escándalo.

“Trabas burocráticas”
“Los puertos siempre han sido focos de corrupción, sólo que antes lo hacían los empresarios privados bajo la vanagloria de las gobernaciones de cada estado, y ahora es con gobierno central directamente y a mayor escala", le dijo a BBC Mundo un alto exfuncionario de Bolipuertos que pidió no revelar su nombre.
Expertos del sector y agentes aduaneros coinciden en que la corrupción en los puertos tiene, sobre todo, dos facetas. Una es el fraude cambiario realizado por las llamadas "empresas fantasma", que consiste en usar las divisas baratas que el Gobierno tiene destinadas para bienes prioritarios, e importar productos caducados o contendedores vacíos. Luego cambian las divisas en el mercado negro a una tasa mucho más alta que la preferencial (y oficial) y obtienen una ganancia millonaria.
En una carta abierta publicada por el exministro de Planificación y asesor de Chávez, Jorge Giordani certificó esas versiones, según las cuales a través del control de cambio “se robaron” 20 mil millones de dólares.
Por otro lado, los expertos se refieren a las también conocidas "trabas burocráticas", que han sido criticadas una y otra vez por organizaciones como Consecomercio, la principal asociación de comerciantes, que las han descrito como un incentivo de "corrupción y la escasez". A criterio de Consecomercio, esos trámites retrasan la salida de las mercancías del puerto y, eventualmente, llevan a algunas empresas a sobornar a funcionarios para agilizar los despachos.

Fenómeno social
Stephen D. Morris, quien realizó un estudio de la corrupción en México, sostenía que "se la ha definido como el uso ilegitimo del poder público para el beneficio privado". "La corrupción es todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental como consecuencia de consideraciones de beneficio personal o político"; o simplemente como "el uso arbitrario del poder". Otra definición con un énfasis más jurídico la proporciona Guillermo Brizio: "Se designa a la corrupción como un fenómeno social, a través del cual un servidor público es impulsado a actuar en contra de las leyes, normatividad y prácticas implementados, a fin de favorecer intereses particulares".

¿Cómo enfrentar la crisis?

La economía en el país podría complicarse mucho más en medio de la “diatriba política”, asegura el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León. Afirma que no hay forma de rescatar la economía sin la integración de todas las partes involucradas, algo que a la luz de los discursos que salen desde Miraflores y algunos, más aislados pero sonoros, que vienen del otro lado, luce muy poco probable. Explicó que mientras todo esto pasa, la población debe tomar previsiones para paliar el impacto de la crisis en su vida. “No hay forma de salir ilesos, pero sí podemos minimizar los costos y tratar de surfear con inteligencia. Para eso comparto con ustedes estos consejos que espero le sean de utilidad”:

• Es clave activar en nuestra vida el modo crisis y cuidar el presupuesto familiar haciendo seguimiento estricto del dinero y evitando a toda costa los gastos excesivos.
• No hay que sentir miedo ni pena por reestructurar los gastos moderando el consumo y eligiendo productos más convenientes en su relación precio valor. No es hora de prestarle atención al “qué dirán” sino al “qué puedo costear y qué no”.
• No compre nada que aumente tus gastos ni que dependa de divisas: hay que concentrarse en aquello que genere ingresos o reduzca costos.
• No deje bolívares ociosos. Ni siquiera en cuentas de ahorro locales. Póngalos a producir o la inflación demolerá su valor.
• Usar el crédito (tarjetas o préstamos) en bolívares es ideal para comprar activos que reserven valor (inmuebles, carros, arte, divisas), pero no para financiar comida en el supermercado. Eso en realidad lo conduce a seguir viviendo una vida artificial que en el algún momento tendrá que pagar muy caro.
• Éste es el momento para buscar ingresos adicionales: negocios propios, trabajo extra, un miembro de la familia cesante que se incorpora al mercado laboral. Hoy cada bolívar que entre a casa cuenta.
• Defienda sus seguros de HCM como una gata recién parida defiende a sus cachorros. Hoy cualquier imprevisto médico afrontado sin protección podría destruir su patrimonio. Y depender de la salud pública no merece ni siquiera un comentario.
• Tome ventaja de todos los subsidios a los cuales pueda tener acceso: esa “comodidad” del mercado informal puede terminar costándole mucho dinero.
• No deje activos improductivos: venda o alquile todo lo que no esté usando. Pero no se quede con los bolívares que obtenga por ellos, porque la pendejada será mayor.
• Si tiene posibilidad de realizar una actividad legal que le genere dólares, así sea la más remota y parezcan muy pocos billetes, concentre ahí todos sus esfuerzos.
• Chequee que sus planes en el teléfono celular y la televisión por cable tenga el programa de tarifas que mejor se adapte a usted. Y si puede bajar ese gasto, mucho mejor. Haga lo mismo con todas sus otras suscripciones.
• Involucre a toda la familia en la estrategia para enfrentar la crisis económica. Hasta los más chiquitos deben entender de qué se trata y por qué debe atenderse en conjunto.
• No desperdicie nada. No hay plata ni bienes como para ser un consumidor convencional.
• ¿Recuerda cuando los abuelos hablaban de sus vidas en los tiempos de la guerra? Pues tome ventaja de aquellos consejos. Y si no tiene abuelos experimentados, “importe” alguno y escúchelo.
• Si usted es de esos que genera más dinero del que gasta, no creo que haga falta decirle dónde ponerlo… pero no lo haga  a tasas negativas.
• Frente a la crisis debemos actuar en casa como nos gustaría que actuara el gobierno en el país. Al menos en nuestra casa podríamos sentir que alguien está haciendo algo lógico para mejorar.