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domingo, 26 de abril de 2015

“Ahora los pobres explotan a los pobres”

El padre y articulista de El Nacional, Armando Janssens, sostiene que "se debe guardar compostura para poder conversar”. Añade que lamenta que haya personas que hacen colas y compran productos escasos sólo para revenderlos. “La gente le cobra a su propia gente cifras escandalosas. ¡Qué lamentable!”

(Alexander González) El padre Armando Janssens nació en Amberes, un puerto de Bélgica, el 6 de noviembre de 1933. Llegó a nuestro país hace 50 años. Es cofundador de organizaciones como Cesap, Sinergia, Bangente, Proadopción y Conciencia Activa. Es Doctor en Sociología de la Universidad de París IV, Doctor Honoris Causa de la Universidad Simón Rodríguez y articulista de El Nacional. Hace unos días visitó a la ciudad de Valera, estado Trujillo, para recibir el Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas y Administrativas, que la Universidad Valle del Momboy (UVM) le otorgó.

“Es un reconocimiento totalmente inesperado (…) Este Doctorado no es para el padre Armando, sino para toda la gente que ha venido aportando con su vida y esfuerzo bondades para nuestros proyectos sociales (…) Siempre he considerado que la UVM es especial porque nació con el sentido de comunidad. Como ninguna otra ha sido muy fiel con eso y, además, con una originalidad y capacidad de adecuarse a los desafíos de los nuevos tiempos”, dijo el sacerdote. 

¿Cuál es el criterio que tiene sobre el papado de Francisco, a quien se le señala de ser responsable directo de un rejuvenecimiento de la Iglesia Católica al atreverse a abordar de una manera no tradicional temas controversiales?

El Papa Francisco recibió una Iglesia con mucha artritis e inyecta una nueva vitalidad especialmente basada en la sinceridad y en una positiva modernidad. No me refiero a la modernidad como concepto filosófico, sino a la modernidad como mundo actual. Si no me equivoco, en la Semana Santa del año pasado el Papa habló de que los pastores deben tener olor de ovejas. Eso refleja el deber de la Iglesia, estar cerca de alguien, vivir con alguien, reconocer a la gente, no tener dedos para castigar o denunciar, sino la mano abierta para convivir y buscar lo mejor para todos (…) El Papa es estrictamente fiel a la doctrina de la Iglesia, pero no se encierra con ella. El Papa no va a estar nunca a favor del aborto, sino ver y comprender por qué hay tanta gente que llega a tal extremo. Él no va a aceptar las relaciones homosexuales, pero sí puede reconocer el contexto en el cual se han dado. 

¿Está bien que los sacerdotes hablen de política partidista? Si está bien, ¿cómo deben hacerlo?

Reconozco que desde hace muchos años intento hablar y expresarme sin tocar diferencias político-partidistas. En la comunidad donde trabajo –que es roja rojita– en Catia, intento no vincularme directamente con la oposición, aunque me acusan de ser de ese bando. Pero creo que debemos aprender a convivir. No hay solución futura si no hay acuerdo en esta variedad de grupos que se mueven en el campo político (…) Yo estoy a favor de un diálogo, no sé si tenga éxito, pero moral y éticamente estamos obligados de promover ese diálogo. 

Usted ha dicho que el “proceso extraordinario democrático” del año 1965 hasta 1985 se estancó. ¿Cómo explicaría esta afirmación?

Yo llegué en el año 65 a este país. Lo conocí en plena efervescencia democrática. Un país que estaba progresando en educación de manera formidable porque florecieron importantes centros de educación de diferentes niveles. Con mi trabajo social recorrí el país. En todas partes encontraba pueblos que comenzaban a progresar. En realidad capté un gran avance social en esos años. Lamentablemente, eso paulatinamente se agotó. No puedo indicar exactamente el porqué, pero evidentemente el poder corrompió demasiado a los partidos. A pesar de que en todos los partidos encontré gente de alto nivel, de grandes valores humanos y comprometidos con su gente, lo cierto es que se creó el espacio para que pudiera venir este Gobierno que hoy tenemos, que comenzó en un golpe. Para mí, el mayor pecado de este Gobierno fue y es dividir al país en buenos y malos, en chavistas y escuálidos. La gente comenzó a vivir en esa tensión y eso destruye el tejido social, destruye la convivencia y la capacidad de progresar. 

A propósito de que menciona esa división, usted maneja una teoría de la relación entre la clase baja y clase media. ¿Puede describirla?

Nunca hablo de clase baja, hablo de clase popular; también intento no hablar demasiado de pobres (…) Donde yo trabajo, antes había gente que no tenía problemas económicos. Hoy en día todos tienen estas dificultades. Pero en fin, la gente de los sectores populares generalmente conocen mejor a los sectores medios, porque las mujeres trabajan en sus casas, los hombres trabajan en sus negocios y fábricas. Por eso conocen el ambiente de los sectores medios y desean pertenecer a estos. Pero del otro lado, los sectores económicamente medios y altos desconocen a los sectores populares y los enjuician negativamente (…) Todavía hay muchos prejuicios. 

Ha sido cofundador de varias ONG, y el Gobierno ha señalado a este tipo de organizaciones como desestabilizadoras. ¿Cuál es su opinión?

El concepto que ellos tienen sobre la sociedad no da espacio para una verdadera sociedad civil. Ellos, en su forma de ver el mundo y de ver la sociedad, se ven obligados para tomar como propiedad de actuación estatal a todo este tipo de organizaciones. Por ahí hay comentarios sobre el financiamiento que reciben las ONG en Venezuela. Eso es una tontería para lo que ellos gastan en otros países. Evidentemente es un drama; ellos no reconocen el valor propio de una sociedad civil. Para ellos, la sociedad civil es estar organizados dentro del sistema del Estado, como los consejos comunales, que dependen de la estructura central del Gobierno.

¿Mantiene su juicio de que la corrupción es una enfermedad endémica para la sociedad?

Tengo la impresión de que la mentalidad generalizada del venezolano martilla el problema de la corrupción. ‘Al fin y al cabo si me toca es mi momento’; esa expresión la escuchamos a menudo, al igual que ‘ahora me toca a mí’. Hay personas que dicen: ‘Aquel ha tenido, ahora tendré yo’. Esas son cosas evidentes que son muy delicadas. La mitad de la gente que hace cola para comprar productos escasos son revendedores. Compran a precios ‘normales’ y luego los revenden, pero no lo hacen con un nivel de ganancia decentico, lo hacen multiplicado por tres, por cinco, por diez. Eso se resume en que ahora los pobres explotan a los pobres. La gente le cobra a su propia gente cifras escandalosas. ¡Qué lamentable!.

Desde su experiencia cercana a los sectores populares, ¿cree que en Venezuela se respetan o no los Derechos Humanos?

Evidentemente que no. Cuando veo que de los 100 casos de personas que están detenidas, 96 nunca han tenido un debido proceso, ¿de qué estamos hablando? Cuando veo que políticamente los beneficios se manejan a favor de los miembros del partido de Gobierno, eso va en contra de los DDHH. Tenemos un muy bajo nivel de respeto a los derechos humanos que debemos enfrentar lo más rápido posible.  

¿Qué piensa de las elecciones parlamentarias?

Si me preguntan si ese escenario electoral resuelve nuestros problemas, no sabría responder, pero quiero dar un ejemplo del Muro de Berlín: un periodista que por circunstancias fue nombrado un mes antes para comenzar a visitar este país, comenzó a recorrer Berlín, y decía que nadie le habló de tumbar el Muro. Un mes después cayó el Muro de Berlín (…) La historia es clara y abrirá caminos para que nazca una nueva Asamblea Nacional con gente de valor. No estoy seguro de si esta es la definitiva solución; la historia dirá lo que será. 

Alternabilidad 
Para el padre Armando Janssens, la alternabilidad de poder, la generación de relevo, es necesaria: “Mi mayor satisfacción es que en las organizaciones que he ayudado a fundar, me he encontrado gente que está asumiendo sus funciones a plenitud, porque hemos abonado el camino de las nuevas generaciones, y esas instituciones hoy están mejor que nunca”.