Lejano de garantizar
la fortaleza del sistema democrático, el "periodismo" estaría incluso poniéndolo
en riesgo.
(Alexander
González) La periodista Raquel San Martín, egresada de la Universidad del
Salvador. Magíster en Periodismo y Sociedades de la Información por la
Universidad Autónoma de Barcelona, con la tesis “Periodismo bajo protesta. Análisis de las condiciones subjetivas de
trabajo de los periodistas de diarios nacionales”, entre muchas otras cosas
que obviaremos por el momento de su síntesis curricular, y que para este
escrito es importante que analicemos uno de sus trabajos titulado, “La ética como identidad compartida”.
El juez
de los periodistas y los medios son los ciudadanos
En
la actualidad, el periodismo atraviesa un desafío del cual dependen muchas
cosas, una de las más importantes es la razón de ser de los periodistas, la de
democratizar las opiniones e ir en busca de la verdad. Con los avances
tecnológicos, hoy en día, millones de personas publican informaciones u
opiniones en alguna de las diversas redes sociales, trayendo como consecuencia
que sinfines de individuos, pareciera atribuírseles como periodistas.
La
libertad de expresión comprende la autonomía
de pensamiento y poder divulgarlo con responsabilidad. De esto se trata;
el periodismo como pilar fundamental en el ejercicio de dichas libertades, debe
ejemplificar lo que significa la libertad de pensamiento y la labor de informar
de forma veraz y oportuna. Sin embargo, los periodistas tienen un gran desafío al enfrentarse a los
medios. Raquel San Martín lo define muy claro: “el espectáculo, la opinión y la operación política se visten de
información… y nada es periodismo”; además da una sugerencia para
contrastar esta realidad. Volver a las fuentes de información y darle la
importancia que merecen.
San
Martín asegura que la materia prima del periodismo es, como se ve, un material
altamente sensible y frágil, motivo de disputa de los poderes públicos. Más sin
embargo todo periodista y medio debe tener en cuenta que su principal juez es
el público, al que se le debe prestar la mejor de las atenciones y dedicación.
Para eso está formado el periodista, para darle voz a los que no la tienen o
para democratizar la palabra, y así hacer más igualitaria a las sociedades.
Las empresas informativas, sometidas a las
nociones de la competencia de mercado y limitados por las crisis económicas,
coartan la libertad de expresión, respondiendo a intereses políticos,
económicos y hasta personales; en consecuencia, Raquel San Martín asegura que el
periodismo, lejano de cumplir con su función principal y propia, de acercar a
los ciudadanos la información necesaria para que puedan tomar mejores
decisiones, orientarse en la vida pública, conocer aquello que no pueden vivir
en forma directa y controlar a quienes ejercen el poder, parecen no garantizar
la salud del sistema democrático, incluso, pudieran
estar poniéndolo en peligro.
La
situación actual pareciera tener un factor común: esconder o distorsionar la realidad. Acciones como estas calan en
la opinión pública, y esto trae como reacción la poca credibilidad periodística
y la desconfianza de un público que duda negativamente de sus comunicadores. Las
polarizaciones políticas, económicas y sociales han desplazado a los medios y
consecuentemente a estos, han arrastrado a sus periodistas, a los extremos de
las confrontaciones política-sociales, que en otro sentido se puede traducir
como una batalla comunicacional, donde el bienestar social es menospreciado, y
coge singular valor los intereses políticos y económicos.
Como
diría Mariangela Gatta (tesista de la carrera Comunicación Social del Nurr), la
preparación es la pieza clave para afrontar los obstáculos que el periodista
tiene de por medio, y es ésta la que garantizará la postura crítica y ética que
debe caracterizar al comunicador social, para hacer realidad el periodismo
utópico, un periodismo “más útil socialmente", que no es más que un
"periodismo de calidad”.