(Alexander
J. González P.)
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| Foto editada. (Archivo) |
Transportarse
a las instalaciones del Núcleo Universitario “Rafael Rangel” que se encuentra
en el municipio Pampanito del estado Trujillo, se ha convertido en una odisea, por lo menos para los estudiantes de esta casa
de estudio. La zona geográfica donde se halla la Villa universitaria del Nurr,
está retirada de las dos ciudades más pobladas del estado como lo son Valera y
Trujillo. Esto significa que el transporte estudiantil cumple una función
prioritaria para el buen desenvolvimiento de la comunidad universitaria.
Para
que el servicio del transporte estudiantil funcione de manera óptima, se necesitan
diez u once autobuses, de esta manera los seis mil estudiantes activos (o la
mayoría de ellos) pueden contar con la cantidad mínima de unidades necesarias para
que el trasporte cumpla un sano y pacífico desempeño. Lamentablemente la
realidad del Nurr es muy diferente, en relación a las actuales condiciones del
transporte que sólo opera con seis autobuses.
Según
cifras oficiales emitidas por el Ministerio del Poder Popular para la Educación
Universitaria, el presupuesto de la Universidad de Los Andes para el año 2012
(sin tomar en cuenta créditos y recursos adicionales) es de Bs. 526.058.775. A
finales del mes de Julio del año en curso, las autoridades del Nurr tenían
previsto ejecutar Bs. 594.600 aprobados pocos meses antes por la Opsu para
solventar el problema del trasporte estudiantil, que según declaraciones del
propio vicerrector Eric Brown, ésta cifra supera el presupuesto anual del
núcleo en Trujillo.
Si
hacemos caso omiso a las aseveraciones del vicerrector del Nurr, con la
asignación especial de la Opsu sólo alcanza para poner en funcionamiento dos o
tres buses adicionales a la flota operante, que en otras palabras significa que
el servicio consigue un respiro presupuestario a las circunstancias que
presenta, mas no resuelve de manera permanente ni eventual la problemática.
No
contar con la operatividad recomendable del trasporte estudiantil del Nurr,
trae consigo peligrosas consecuencias
para el íntegro desarrollo de las actividades universitarias. Los horarios establecidos
por las diversas cátedras se ven afectados. El desplazamiento de las unidades
de transporte con exceso de estudiantes se torna riesgoso y, uno de los
problemas más visibles en la comunidad universitaria, es el desgaste prematuro
de los autobuses que no cuentan con el mantenimiento adecuado.
La
vida académica del Nurr tiende de un hilo. El ambiguo porvenir del servicio del
trasporte compromete la viable convivencia de la comunidad universitaria,
debido a las amenazas de posibles manifestaciones “estudiantiles” que pueden no
ser pacíficas. ¿A quién culpar de esta situación? ¿Escaso presupuesto asignado
por parte del ministerio? ¿Falta de auditoría presupuestaria universitaria? Si
los movimientos estudiantiles no cooperan con el despeje de estas incógnitas
por los mecanismos establecidos para contribuir con la solución del problema,
las violentas huelgas a las cuales se ha acostumbrado el Nurr, tendrán una
excusa más para ejecutarse.







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