domingo, 1 de febrero de 2015

Las confesiones del padre Palmar



“Deseo una salida pacífica, pero estamos ante un régimen militarista”

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(Alexander González) El padre José Palmar prefiere que lo llamen “cura de barrio”. Sus convicciones políticas lo han hecho bastante polémico, sobre todo por su verbo encendido y contestatario. Además de ser devoto de María Santísima, se considera hijo espiritual de Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta. Es Licenciado en Comunicación Social y fanático de las Águilas del Zulia. Desde el año 1990 hasta la fecha se desempeña como párroco de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en la comunidad de Sierra Maestra, en el municipio San Francisco, estado Zulia.

¿Cómo es el padre Palmar en misa?

“Mi parroquia está en un municipio chavista, pero el párroco es opositor; me dicen loco, pues bienvenidos los locos. En misa no hablo de política, hablo del evangelio, hablo de Dios arrojando siempre a lo profético y comparto lo que un día dijo el Papa Pío XII: La política es la manera más sublime de practicar el amor de Dios, después de la religión”.

¿Lo han regañado sus superiores eclesiásticos por sus “encendidas” posiciones políticas?


“Yo he sido el cura de Venezuela que más dolores de cabeza le ha causado a los obispos, pero soy el que más ama a la iglesia. Como sacerdote quizás he cometido excesos y equivocaciones, pero prefiero eso que pecar por omisión. He sido disciplinado por la Iglesia; cuando fui chavista me castigaron, siendo opositor me castigaron, es decir, estoy tabla”.

¿Por qué dejó de ser “chavista”?

“Si en mi vida me arrepiento de algo, es de haber creído en Chávez. A ellos les queda grande la palabra revolución, socialismo, cristianismo (…) Muchas veces entré a Miraflores y nunca me tomé ni un café, no sé, era como una fuerza espiritual que me decía: ¡’No tomes, no comas’! Yo le hablo a los chavistas, porque vengo de esa podredumbre, de esa infección. Yo comparo lo que viví en el chavismo y es como ir al infierno. Me di cuenta que la cabeza de la corrupción era Hugo Chávez, eso que él no sabía nada, que los que estaban a su alrededor lo engañaban… ¡no, no, no! No era así.

Chávez utilizó el síndrome caribeño: somos violentos y la bestia que llevamos dentro la capitalizó para él. Atrajo a borrachos y viciosos, es decir, vengan los viciosos que yo les doy vida lúdica. Sumó a sus filas haraganes, que en otras palabras no son más que perezosos que quieren vivir bien sin trabajar, aunque no todos están allá”.

¿Qué opina de la llamada “salida”?

“Con todo lo que se hizo el año pasado, cualquier régimen hubiese caído. Maduro no es venezolano y no ha podido desmentirlo, pero nuestro candidato para el entonces (no dijo nombre) tiene doble nacionalidad, por eso se quedaron callados. El problema no son los políticos, son sus intereses. Ellos allá arriba se cuadran y negocian, y nosotros aquí abajo nos prestamos y les servimos de escalera. Necesitamos escuelas de liderazgo, gente inteligente que tome acciones de vanguardia, pero que sean honestos. Digo esto porque en el otro bando hay chavistas inteligentes que no son honestos, y hay chavistas honestos que no son inteligentes, pero una persona honesta e inteligente jamás será chavista”.

Este año las protestas de calle están en la agenda política. ¿Será esta la forma de conseguir el cambio que usted añora?

“El problema no es sacar a esta gente, el verdadero problema es construir a Venezuela (…) Quien quiera salir a la calle hágalo y despídase, pero hágalo. Y quien no salga, entonces ore por nosotros. Yo estoy clarito, se vaya o no se vaya Maduro ellos vendrán por mí; por lo tanto yo voy por ellos.

Pero estas protestas de calle tienen una gran debilidad, y es que son muy superficiales. Somos muy cómodos, cuando llegan los medios se declara y cada quien pa’ su casa. En Egipto se estuvieron miles de ciudadanos tres meses en una plaza y tumbaron al dictador. El mal no descansa, esta es una pelea entre el bien y el mal; eso hay que saberlo”.

¿Qué opina de las parlamentarias?

“Los políticos están en el peo de las elecciones parlamentarias, que si van a hacer o no las primarias, bueno ya el cuento lo conocemos. Los cogollos allá arriba andan en otra cosa; los políticos sólo piensan en elecciones y ya tienen sus candidatos, porque en verdad de eso viven los partidos, de cálculos electorales, pero Venezuela exige otra lucha, y esa es la que necesitamos dar para salvar el país, pero eso no quiere decir que no participemos, hay que abrazar cualquier proceso electoral, porque es preferible que nos roben el voto, a que nosotros se lo regalemos”.

¿Cuál es su criterio sobre el Papa Francisco?

“Tenemos un ‘Papazo’. Gracias a Francisco se han dado pasos importantes como el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, y eso es letal para el régimen Maduro-Castrista que está instalado en Venezuela. Francisco es un líder mundial que está abocado a contribuir con solventar este problema que enfrentamos los venezolanos, porque es latinoamericano, tiene cercanos colaboradores como Pietro Parolin quien es secretario de Estado de la Santa Sede y que fue Nuncio Apostólico en Venezuela, por lo tanto conoce muy bien nuestra realidad”.

“El pasado miércoles 21 de enero se llevó a cabo un foro sobre ‘Vivencias en tiempos de crisis’, que fue organizado por la sociedad civil de la entidad trujillana, más no por partido político alguno. En el evento, donde estuvieron como ponentes el Padre Palmar, Sthepanie Brito (estudiante de Lara), Ismael Villa (estudiante de la ULA) y Edgar López (psiquiatra) estuvieron presentes representantes de organizaciones políticas pertenecientes a la Mud, pero sobre todo ciudadanos activos de la sociedad civil organizada”. Así lo aclaró María Luz Morales

Esencia indígena
José de Jesús Palmar Morales nació el 1 de octubre de 1961. Su madre: María Chiquinquirá, de la etnia añú, y su padre, José Ramón Palmar, de la etnia wayuu. Su esencia indígena no fue impedimento para encontrar el camino hacia Dios. De pequeño fue monaguillo y tras varios años de preparación, el 14 de agosto de 1988 se ordenó como sacerdote en la Plazoleta de la Virgen de Chiquinquirá de la mano de Monseñor Domingo Roa Pérez. Desde los cuatro años ha estado sumergido en el mundo eclesiástico. Afirma que su vocación sacerdotal se fue creando y formando a través de los consejos de los curas que estuvieron en su camino. “Especialmente le doy gracias a Monseñor Roberto Lückert, quien me tuvo a su lado por 14 años, los cuales fueron años muy fructíferos en mi vida debido a que estos me llevaron a decidirme finalmente a servirle a Dios”.

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